¿Cómo es una escuela infantil Montessori por dentro?

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Ya hace unos años que la palabra Montessori se está colando en algunas escuelas, en charlas de padres y madres y también en los libros y blogs que hablan sobre educación. ¿Pero qué tiene el Método Montessori que fascina y triunfa tanto?

Ahora que estamos a punto de empezar la época de pre-inscripción escolar, nos hemos colado (con permiso) en una escuela infantil Montessori, donde nos han explicado bien en qué consiste el método Montessori y cómo es el día a día de su escuela.

Nota al lector: Este es un post para los curiosos y los indecisos. Ojalá sirva a algunos para decidirse (o no) por llevar a sus hijos a la escuela Montessori. No es un post publicitario ni he recibido ningún beneficio por escribir estas líneas. Si hay algo que no he entendido bien y está mal explicado, por favor corregidme y así aprenderé más sobre el Método que (por fin) está ayudando a revolucionar la educación en nuestro país — que buena falta le hace. 

Supongo que cuando pensamos en “un espacio Montessori” a todos nos viene a la cabeza esas imágenes de paredes blancas, espacios muy amplios y minimalistas y elementos ordenados. Y esto es precisamente lo que me encontré al entrar en el aula Montessori de Olot para niños de 3 a 6 años (–> en el método Montessori, los niños se clasifican por grupos y periodos sensibles; así, los de 3-6 años van juntos en la misma clase; los pequeños aprenden de los mayores y éstos ayudan a los pequeños).

No existe allí el típico aula con pupitres, sillas y pizarra. Hay un par de mesas pequeñas con sillas pequeñas… y basta. El resto son estanterías bajitas, a la altura de los niños, ordenadas por temáticas, cada una de ellas con su bandeja y correspondiente propuesta. (En Montessori todo va en bandejas, cestas o delimitaciones parecidas; cada bandeja contiene una propuesta educativa que el niño puede coger y llevarse donde quiera del aula para examinarla y jugar con ella).

En un estante están, por ejemplo, las propuestas de matemáticas: piezas tipo construcciones para contar las unidades, del 1 al 10. Y otra más dividida para las fracciones o las sumas y restas. En el estante de geografía hay puzzles 3D del mundo con los continentes en relieve. En el estante de escritura hay una mini-librería con cajones; cada cajón va dedicado a un fonema, con su escritura y dos o tres cosas que contengan ese fonema y se puedan tocar.

Tocar, experimentar y conseguir que algo abstracto sea palpable y tangible. Ese es uno de los objetivos del Método Montessori. Otro, es que cada niño auto-contruya su propia educación, eligiendo las propuestas que más le interesen y desarrollándolas. Todo ello con propuestas que inducen al juego para experimentar y aprender algo.

A diferencia de la escuela tradicional/habitual, aquí cada alumno hace su propia “clase” y desarrolla conocimiento sobre lo que más le guste o motive. El día a día de un aula Montessori es libre; no hay maestro que diga lo que hay que hacer, sino un guía que acompaña a los alumnos, los observa (uno por uno) y los encamina para que vayan descubriendo las diferentes propuestas y evolucionando en sus conocimientos. Así, un niño puede estar aprendiendo a sumar (él solo, interactuando con una propuesta) mientras otro aprende las vocales.  O si a otro no le apetece trabajar en ninguna propuesta, se sienta en el espacio de lectura (con butacas) y lee/mira un libro de aves.

Es un poco el origen de la idea que hay ahora en algunos colegios de instaurar los “proyectos” para que los alumnos investiguen y aprendan sobre cosas que realmente les gustan. Y esto a mí me ENCANTA.

Además de geografía, matemáticas, bellas artes o escritura, en Montessori también se enseña autonomía. Ser autónomo para que crezcas como persona, aumente tu auto-estima y consigas ser una persona válida, crítica, independiente y auto-suficiente. Me sorprendió ver que en el aula Montessori había un espacio para lavarse la ropa (en caso de escapes de pipí o de haberse ensuciado) y también un espacio donde cada mañana hay fruta fresca y cada niño puede ir allí y servirse (coger la fruta, pelarla y comerla).

Personalmente, tanto orden y pulcritud me llevó a pensar que echaba de menos ver más juegos creativos, cuentos y colores en ese aula. ¿Quizás estaba todo demasiado “bajo control”? ¿Faltaba ese maravilloso caos que ocurre cuando metes a varios niños en una misma habitación y juegan a naves espaciales poniendo las sillas patas arriba y escondiéndose bajo una manta?

De Montessori aprendí que me gusta el respeto al alumno como personita con ideas propias, y también la opción de auto-construir sus conocimientos en función de lo que les motiva. En cambio, personalmente, no me convenció el ambiente delimitado o pautado para la etapa infantil. Yo (y creo que mi hija mayor también) somos más fans del caos creativo, de la fantasía y el movimiento para esta etapa temprana. Pero eso es solo mi opinión personal. Seguro que Montessori como método funciona muy bien para muchos niños y consigue que sean personas autónomas, científicas y válidas.

Ojalá que el método Montessori y otros buenos  métodos pedagógicos sigan inspirando a educadores para modernizar el sistema educativo público y concertado. Y mientras ellos debaten, nosotros nos meteremos de lleno en el fabuloso mundo de la inscripción escolar (!!!). Aquí tenéis un post sobre los distintos métodos pedagógicos alternativos (Waldorf, Pikler, Reggio Emilia, Montessori…).

Gracias a la Montessori Olot School por abrirme las puertas de su escuela y enseñármela con tanta paciencia y ganas; y por dejarme utilizar sus fotos. Cada escuela Montessori aplica el Método a su gusto y, por tanto, quizás no sea exactamente como la he descrito en este post. Pero en el fundamento se rigen por la misma filosofía y principios.

 

Acerca de Roser 121 Articles
¡Hola soy Roser! Mamá de una niña preciosa y muy movida, nacida en agosto 2015; y de un niño guapísimo y valiente nacido en octubre 2017. Antes estaba "sempre viaggiando" y ahora estoy siempre jugando, cantando y saltando. Llevo 10 años como blogger de viajes y vivo en Olot, Girona.

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